LA ANSIEDAD DE LA SEPARACIÓN. HIJOS ATRAPADOS EN CONFLICTOS DE ADULTOS.

trastansiedadsepPor Dra. Natalia Barrios

Médica Psiquiatra –  Equipo ADOS

Los trastornos de ansiedad son los cuadros clínicos psiquiátricos más frecuentes en la población pediátrica y predicen el riesgo aumentado de presentar posteriormente otros trastornos de ansiedad, depresión o internaciones en servicios de salud mental en la vida adulta. El trastorno de ansiedad por separación (TAS) se caracteriza por una reacción de ansiedad excesiva del niño o del adolescente ante el alejamiento de la persona encargada de su cuidado o la principal figura de apego.

A diferencia de ediciones anteriores, Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5, quitó de entre sus pautas la exigencia del inicio del TAS antes de los 6 años, lo que posibilita el diagnóstico a cualquier edad, aunque su comienzo sigue siendo más frecuente en la infancia.

Dada la variedad de manifestaciones sintomáticas del TAS (como el ausentismo escolar y las quejas somáticas) muchas veces son los pediatras o maestros los encargados de advertir las dificultades. Las familias de los jóvenes que padecen este trastorno, frecuentemente presentan características tales cómo el control excesivo o “aglutinamiento”, que hacen difícil la identificación del problema por parte de los integrantes de la misma.

¿Cómo lo diferenciamos de los miedos normales?

La ansiedad por separación (AS) es una respuesta emocional en la cual el niño experimenta angustia al separarse físicamente de la persona encargada de su cuidado (generalmente su madre). Es un fenómeno normal del desarrollo infantil, que comienza a manifestarse alrededor de los 8 meses de edad. La AS permite que el niño desarrolle su capacidad de estar a solas. Contribuye activa y necesariamente a este proceso la figura de apego que el niño dispone.

El TAS, en cambio, es una manifestación psicopatológica donde el niño no es capaz de separarse apropiadamente de la persona que es emocionalmente significativa para él. La angustia es excesiva y excede lo esperado para su nivel de desarrollo o para su edad. La ansiedad es una emoción que nos alerta ante la posibilidad de un peligro o amenaza; cuando es normal contribuye al desarrollo del individuo, pero cuando es excesiva puede llevarlo a un estado de expectación o preocupación que interfiere en sus actividades o relaciones habituales.

La ansiedad excesiva puede manifestarse como: miedo, nerviosismo, tensión o rabia al estar separados del ser querido. También se expresa frecuentemente como quejas somáticas; dolores abdominales y cefaleas.

Los niños se rehúsan a estar solos, temen dormir sin compañía y buscan dormir con sus padres. No quieren dormir en la casa de amigos o abuelos y frecuentemente tienen pesadillas de ser abandonados.

La negativa de asistir al colegio es un problema común en estos jóvenes. En el colegio buscan excusas para llamar a sus padres o van a la enfermería con alguna molestia deseando ser enviados a su hogar

Las manifestaciones cambian según la edad siendo más frecuente en niños los dolores físicos como cefaleas o los vómitos. En los adolescentes se presenta como temores que pueden ser comunes a la población en general (como los robos, secuestros o ataques sexuales) pero que se manifiestan con un miedo extremo que afectan su circulación social.

¿Cuáles son las causas?

La interrelación de diferentes factores congénitos (como el temperamento o la disposición neurobiológica) con ciertas características vinculares y familiares dan resultados como el TAS.

Los niños inhibidos y temerosos parecen presentar un funcionamiento particular de su sistema autonómico (con mayor sensibilidad en el sistema de “huida”) que los predispone a padecer trastornos de ansiedad.

También se han comprobado en estos pacientes alteraciones en el eje hipotálamo hipofisario y en la secreción de cortisol.

Pero sobre todo nos interesan los factores ambientales que pueden estar involucrados ya que es sobre ellos donde podemos actuar para modificar la evolución de este problema y para identificar a los jóvenes en riesgo. Para ello haremos mención sobre conceptos como apego y el sistema familiar

Apego y sistema familiar

La seguridad emocional es el principal objetivo del apego o vínculo afectivo. Apego es toda conducta por la cual un individuo mantiene o busca proximidad con otra persona considerada más fuerte y segura. La conducta de apego permite utilizar al cuidador principal como base segura, desde la cual se explora lo desconocido.

Desde esta perspectiva el ser humano no nace con la capacidad de regular por si sólo sus reacciones emocionales, sino que necesita un sistema regulador prexistente que es el vínculo. El apego seguro se caracteriza por adecuada manifestación de la ansiedad frente a la separación y el apropiado re-aseguramiento al volver a encontrarse con la madre o figura vincular. El apego ansioso /evitativo demuestra distanciamiento emocional durante la separación y desinterés en el reencuentro con la madre. En el apego ansioso/resistente el niño muestra ansiedad a la separación pero no se tranquiliza al reunirse con su madre, es perturbado por la separación y tienen dificultad en reponerse. La organización vincular segura guarda relación con la sensibilidad y sintonía de la madre a las señales del niño, mientras que la insegura se relaciona con excesiva ansiedad o inseguridad materna. Los niños con vínculo inseguro tienen mayor probabilidad de sufrir trastornos de ansiedad en la infancia y adolescencia al compararlos con niños con vínculos seguros. La situación de separación o desapego transitorio en una díada vinculada de manera insegura, es vivida en la relación madre- hijo con gran tensión, con repercusión tanto en lo emocional como en lo cognitivo. Por ello debemos considerar que tanto el niño como la madre pueden ser agentes sintomáticos, es decir “responsables” de la manifestación del cuadro clínico. Desde este punto de vista es necesario ante la presencia de angustia excesiva en el niño, evaluar el funcionamiento de la relación diádica madre-hijo

El sistema familiar, la ansiedad parental y el estilo de crianza pueden influir también en la presentación de estos cuadros.

Las familias de tipo aglutinada pueden ser fuente de excesiva ansiedad por separación, ya que en ellas se altera el desarrollo de la autonomía por la existencia de vínculos demasiados estrechos que entorpecen la diferenciación emocional. En estas familias los padres se caracterizan por un estilo ansioso y sobreprotector y el grupo familiar tienden a la evitación del conflicto, por lo tanto, la ansiedad tiende a expresarse como somatizaciones.

El control excesivo y la sobreprotección de los padres pueden resignificarse en el joven, de modo tal que el mundo sea percibido, ante todo, como un lugar peligroso. Este temor injustificado puede interferir en las capacidades del joven para adquirir independencia y refuerzan las conductas de evitación que a su vez empeoran y magnifican su ansiedad.


Todos los adultos debemos estar al tanto de estas problemáticas y estar atentos a las dificultades como el ausentismo escolar, los miedos excesivos y quejas somáticas frecuentes. Debemos conocer cuánto afecta al niño o al joven estos síntomas y de qué manera la familia puede intervenir en el mantenimiento así como en la resolución y tratamiento del problema.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s