Cuestiones de género en la niñez y adolescencia. Por Lic. Miguel Santarelli, Coordinador del Área de Psicología Dinámica de ADOS

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Partamos de un hecho que se verifica con frecuencia: La sociedad ha “aceptado” que las niñas y adolescentes mujeres jueguen al futbol. No obstante ello, mira con recelo que algún varón juegue con muñecas y, entonces, suele solicitarse una consulta psicológica.

Quienes estamos interesados por el adecuado desarrollo psicosocial de niñas, niños y adolescentes; no dejamos de estar atentos a tales contradicciones en el seno de la cultura en la que vivimos. Ello implica asumir que las mismas no sólo existen sino que muchas veces representan una carga y una exigencia extra para las personas que llegan a nuestros consultorios.

Incluso nos encontramos con representantes de los campos de la salud y la educación que aún no distinguen adecuadamente entre “identidad sexual”, “identidad de género” y “elección de objeto sexual”. Como así tampoco suelen entenderse las grandes diferencias que existen entre las experiencias que son parte de procesos identificatorios propios de la niñez y la adolescencia, y el resultado final de tales procesos.

Asistimos también con frecuencia, a la constatación de que muchos adultos interpretan desde su propio marco imaginario y cognitivo los procesos identificatorios de género y los juegos y experiencias sexuales de los todavía “no adultos”. De este modo los prejuicios adultos particulares y las contradicciones socioculturales de la época muchas veces generan obstáculos a la necesaria continuidad de procesos propios del desarrollo subjetivo.

Como si no fuera suficiente con los trabajos psíquicos que niñas, niños y adolescentes deben llevar adelante para hacerse un lugar en los grupos de pares, para sostener los pasajes entre dispositivos sociales (familia, jardín, escuela, colegio, etc.), para integrar emociones satisfactorias y para asumir frustraciones, para asumir e integrar la pubertad, para lograr una respuesta a la pregunta sobre la existencia y la propia identidad, para poder aceptar las diferencias irreductibles con los otros, para proyectarse a futuro, para asumir la finitud de la vida…

También nosotros ponemos a discutir nuestros modelos clínicos y teóricos co n las nuevas realidades que el derecho establece, por ejemplo, a partir de la Ley de Identidad de Género, y uno de sus conceptos centrales, a saber, la “identidad de género autopercibida” (Ley 26.743, artículo 3º). Nos cuesta negar la realidad ofrecida por la experiencia clínica respecto de que la identidad (incluidos sus aspectos sexuales y de
género) se construye siempre en relación a los otros y que implica un tiempo de desarrollo que siempre conlleva la tensión y el conflicto, así como la espera necesaria para su correspondiente elaboración y la elección y decisión que resulte.

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