ABUSO Y VIOLENCIA SEXUAL EN NIÑAS/OS Y ADOLESCENTES

Por Fundación ADOS

Prendemos la tele y nos indignamos con la noticia del cura abusador de menores; leemos el diario y nos angustiamos por los crecientes casos de abuso perpetrados por profesores de diversas disciplinas. En la puerta de la escuela, madres y padres comentan por lo bajo alguna que otra historia de abuso en el seno de una  ´´¿familia bien?´´ …

Está delante de nuestros ojos, sucede todo el tiempo, atraviesa clases sociales, afecta  tanto a mujeres como a  varones, cambia el rumbo de la vida de nuestras niñas y niños. Y sin embargo, como sociedad, no pasamos más que de la ira inicial.

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Un problema social grave

Debemos saber que 1 de cada 4 mujeres y 1 de cada 6 varones sufrió a lo largo de su vida algún tipo de maltrato reconocido como abuso. Hay otro dato revelador que nos indica que el 90 % de los abusos son intrafamiliares (tíos, abuelos, amigos/conocidos de la familia, etc.)

En el resto de los casos, el abusador frecuentemente busca ocupaciones que le permitan tener contacto legítimo y asiduo con el niño/a, por ejemplo: entrenador o asistente deportivo, maestro o asistente preescolar, chofer de camioneta escolar, catequista, sacerdote, pastor o guía de cualquier religión, etc.

Como se expresa en el reciente libro publicado por ADOS “Aspectos interdisciplinarios para enfrentar al abuso y violencia sexual”, la violencia hacia niñas, niños y adolescentes es un problema social grave, complejo y multicausal, que representa una de las formas más extremas de vulneración de derechos. Es el resultado de inequidades históricas, políticas, sociales, económicas y culturales, naturalizadas y toleradas”.

Hay situaciones de abuso que logran identificarse en edades tempranas, y a pesar de las consecuencias traumáticas y físicas (por ejemplo, contagio de enfermedades de transmisión sexual, etc.),  la víctima puede acceder a un tratamiento clínico y terapéutico contenedor, pero lamentablemente hay miles de casos que no son identificados en la niñez y aumentan el riesgo de desarrollar desórdenes físicos, psíquicos y emocionales en la persona abusada  a lo largo de su vida adulta (manifestaciones psicosomáticas, disfunciones afectivas y disfunciones sexuales).

¿Y ahora qué?

Primero, hay que tener en cuenta que el  abuso sexual infantil es antes que nada, abuso de poder, y el secreto es su característica fundamental. El abusador le infunde miedo a la víctima y es ahí donde se da lugar al pacto de silencio. Por lo general, el abusador interpela a la víctima desde la palabra amenazante y la culpa: vos contalo que nadie te va a creer, si lo contás los echo de casa, si hablás me meten preso, etc. Así, la víctima queda atrapada en una tormentosa encrucijada que le provoca una sensación de desamparo.

Cuando los niños y adolescentes no pueden revelar lo que les sucedió, es posible que los adultos responsables que estén en contacto con ellos, sí  lleguen a tener indicios de que algo está ocurriendo.  Por eso, uno de los aspectos fundamentales de esta problemática tiene que ver con el accionar de las  instituciones médicas o educativas ante una sospecha de abuso sexual.

¿Qué pasa con ese médico o profesional de la salud que sospecha que su paciente pudo haber sido abusado?, o ¿qué hace el docente que empieza a percibir signos que en el comportamiento diario del niño/a en el espacio escolar pueden estar asociados a una situación de abuso?

En este sentido, el Dr. Julio Cukier, Pediatra y especialista en Adolescencia, nos comenta su experiencia: “En lo general el abuso, a diferencia de una violación,  no tiene muchos síntomas visibles para detectarlo. Nosotros los pediatras a veces nos preguntamos, ¿será verdad lo que dice la madre o estará enojada con el padre? Uno se queda con una sensación de si creer o no creer,  y aunque  lo crea uno piensa, -si yo empiezo a indagar, a investigar y hago una denuncia, por ahí termino perjudicando a alguien que quizás sea inocente-. Y resulta que solamente la fabulación o el invento de un caso de abuso corresponde a un porcentaje menor del 5 %. Por eso, cuando el chico habla, es gravísimo el error médico de ignorarlo, no sólo médico, también los docentes, etc. El niño debe ser escuchado y creído en primera instancia, y los pasos posteriores demostrarán la veracidad de sus dichos”

Este es un punto clave, porque el involucramiento del profesional, más allá de ser una decisión de compromiso personal, actualmente es una obligación legal establecida por el Código Penal vigente en nuestro país.

Rompiendo el silencio

Los médicos y los docentes tienen que estar atentos al momento de la “revelación” o “develación”.  Los especialistas coinciden en que uno de los primeros pasos es creer siempre en el relato, de las niñas, niños y adolescentes, porque por lo general a los chicos no se les cree.

Los docentes y/o profesionales de la Salud que sospechan o perciben un caso de abuso, como decíamos anteriormente,   cuentan con la posibilidad legal de realizar una “denuncia de sospecha”. Si bien hay un desconocimiento general en la sociedad sobre el tema, tenemos que tener en cuenta, que la denuncia de sospecha no es opcional, sino obligatoria.

Como sostiene la Dra. Alejandra Giurgiovich, médica especialista en Ginecología y Obstetricia “En realidad nadie desearía involucrarse, pero es necesario hacerlo para ayudar al chico y  a la familia y “detener” el hecho. El interés primario es proteger a ese chiquito o adolescente, porque hay mujeres y varones desprotegidos. Y hablo de los varones porque hay una investigación que hicimos en el Hospital de Clínicas en el cual no se le preguntaba a los varones si habían sido abusados, se le preguntaba solo a las mujeres, sin embargo los varones son abusados igual”

En lo que respecta al consultorio, cuando los médicos identifican el caso de abuso, se hace necesario  que realicen un trabajo en red con otros profesionales especializados en el tema, siempre preservando la confidencialidad de los hechos.

En cuanto a la escuela, uno de los principales espacios  de detección de signos de abuso, los docentes pueden estar atentos a observar cambios en la conducta de los chicos, variaciones del rendimiento escolar, de las formas de hablar, expresiones artísticas, o directamente develaciones de lo que sienten o sufren.

Muchas veces el escenario en las instituciones educativas  pareciera ser muy desfavorable por las problemáticas y necesidades que atraviesan de toda índole, pero los docentes deben saber que no están solos, pueden tomar conocimiento del protocolo de acción del gabinete de  la institución educativa donde trabajan y accionar en red en pos de bienestar del  niño o adolescente víctima de abuso y/o maltrato.

La tarea de docentes y médicos no es sencilla, por un lado hacer visible lo que se intenta ocultar,  pero al mismo tiempo resguardar la integridad del niño y respetar sus tiempos.

La revictimización

Como vimos recientemente, si las instituciones callan, las víctimas no tienen salida. Pero cuando el pacto de silencio se rompe, y el niño/a puede hablar, si las instituciones fallan en el accionar,  la víctimas pueden caer en lo que se denomina revictimización. Es decir, ser sometidas a prácticas o circunstancias que le causan un nuevo sufrimiento.

Como bien señala la Dra. Diana Pasqualini, médica pediatra y especialista en Adolescencia: “La revictimización  puede ser en la escuela, en la consulta y/o en la justicia. La revictimización es no creer en el relato, es hacerles contar mil veces ante distintas personas lo mismo, cuando tiene que estar registrado en la historia clínica y nunca más preguntársele, excepto los profesionales que están interviniendo. Revicitimizar es cuando el juez pone al abusador frente a la víctima. Revictimizar es trasladarlos en el mismo patrullero, como tantos otros ejemplos”

Si bien hubo avances, la Justicia también tiene como desafío cambiar su  mirada y entender que un abuso  no es un hecho aislado,  sino que influye en el resto de la vida de un ser humano

Entornos protectores

Aunque el panorama sea complejo, es posible que las diferentes instituciones (Familia, Escuela, Servicios de Salud, Justicia) trabajen en conjunto para crear y fortalecer redes en pos  del cuidado y la protección de nuestra/os niñas/os y adolescentes.

La Ley de Educación Sexual Integral (26150) ha sido de gran progreso en la Argentina, e hizo posible que muchos temas comenzaran a abordarse en el ámbito educativo.  También abrió nuevos caminos para pensar en la prevención de situaciones desde la primera infancia.

Como sociedad,  más que enojarnos y dar vuelta la página para mañana indignarnos con la siguiente noticia,  tenemos otra alternativa, derribar la barrera del miedo y del “de esto no se habla”, y  comprometernos en estar más presentes en el cuidado de los más chicos, escucharlos, contenerlos y formarlos desde la libertad, el cuidado y el respeto del cuerpo propio y ajeno.

El  Estado, por su parte deberá asumir cuanto antes que la problemática del abuso y la violencia sexual de los niños/as y adolescentes es una prioridad dentro del sistema de Salud Pública.

Definición de maltrato, violencia y abuso:

Definimos al maltrato y la violencia familiar, sexual, como un abuso de poder tanto de aspecto psicológico como físico y sexual. El abuso sexual siempre deja secuelas o marcas psicológicas pero pocas veces, físicas.

La violación, por el contrario, por ser inesperada, por fuerza física y por sorpresa siempre deja lesión física.

El abuso se puede dar en cualquier clase social, no respeta nivel económico ni cultural.

 

 

 

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